Pánico

«Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí»

Augusto Monterroso.

Alguien que cree vivir mi mismo infierno me preguntó hoy: ¿Vic, qué sientes cuando te pones mal? Debo acá detenerme un momento, perdón por hacerlo justo cuando estoy empezando, pero aunque me considero un hombre de palabras, las ideas llegan a mi cabeza en forma de  imágenes y formas que trataré de traducir a letras, oraciones o párrafos.

¿Qué sientes cuando te pones mal, Vic?

Lo primero que me vino a la mente ante la cuestión fue la imagen de la tapa de un ataúd arañada por dentro. Enterrado vivo, uñas arrancadas. Horror, terror y pavor. Un ataúd de carne. Implosión. Crisis. Una corriente de frío que corre y recorre mis pasillos. Frustración, impotencia, desesperación. Más crisis. La rama se dobla hasta crujir. Dos manos tratando de separar violentamente mis hemisferios cerebrales. Falta de control de mi torre de control. Un aeropuerto en caos. Un ataque terrorista en el interior de mi país. Esa imagen de mí mismo arrastrando mi propio cadáver. Esa jodida imagen tan fuerte, tan dura y aún así, tan poética y hermosa. Un Guernica pintado en la parte interna de mi cráneo.

¿Va a pasar? ¿Hasta aquí llegó mi conciencia? ¿Voy a terminar hecho una legumbre al sol en el jardín de una «casa de reposo»? ¿Qué será de los míos? Miedo. Presa del miedo. Ver el abismo hacia arriba. Una tormenta dentro de otra tormenta. Tiene que pasar, pero no pasa. ¿Habrá más gente pasando lo mismo? ¿Quién es ese hijo de puta que me habla? ¿Quién es ese cabrón que me atormenta? Soy preso de mí mismo. Demonio de mi propio infierno. ¿Esto se acaba? ¿Esta mierda pasa? Rehén y captor a la vez. Tortura, parálisis, desesperanza. La puta crisis infinita. La maldita crisis recurrente. Los ojos se voltean hacia adentro. Tinieblas, caos, dolor. Un campo de concentración mental. Exterminio propio. Ese hijo de puta que no se calla, simplemente no se calla. Tiene que pasar, tiene que pasar. Pero no pasa. El beso del miedo es eterno. Me encojo desde adentro. Me arrugo. Una mano pesada y callosa me estruja hasta hacerme un bolita lista para lanzar al basurero. La rama se sigue doblando, sigue crujiendo. Desespera más la tensión que el dolor. Que se rompa de una puta vez, pero no, la rama es resilente.

Palabras como despojos del naufragio, restos a los cuales aferrarse. Las palabras del psiquiatra: es su cerebro produciendo neurotransmisores que no necesita y dejando de producir los que necesita, el hipotálamo y el jodido lóbulo frontal y no sé qué. Las palabras del amigo: pero si lo tienes todo, la vida te sonríe, deberías ser feliz. Las palabras de la madre, la mujer, nada. Las tablas se hunden o se escapan, nada de que asirse, nadie a quien aferrarse. Nada.

¿Cómo llegué a este punto? ¿Cómo naufragué en este mar de mierda hasta tocar fondo para cavar mi propia tumba? No volaba, caía. Alguien que me saque de mi jodida miseria. Una hoguera de pensamientos en medio de una plaza medieval. Soy el verdugo que la prende, el público morboso que asiste para maldecirme. Esos rostros llenos de odio, de asco y repudio son el mío. En ese momento soy yo contra yo, mí versus mí en una pelea en la que los dos saldremos muertos. Basta, por amor de un dios que desconozco, basta. Y pasa. Pasa porque todo pasa. La estampida se escucha en la distancia hasta dar paso al silencio después de la tormenta. Pisoteado, arrastrado, aplastado. No llega el alivio ni la paz. El mismo miedo de que la fiera vuelva es buen consuelo. Si puede volver es porque ya se fue. La lógica del cautivo. Suspiro. Sueño. Y pasa.

Aprender a vivir con precaución y no con miedo es tal vez la parte más pesada, pero también es la clave. Bajar del escenario al cabrón del monólogo interno. Si has de pensar en algo que sea en el momento de tu muerte, dicen los budistas. No darse cuenta de uno mismo hasta que el relámpago rasgue otra vez el horizonte, pasen esos segundos de tensión e incertidumbre y llegue el trueno; se aproxima la tormenta una y otra vez. Porque como pasa, también vuelve. El “loop” infinito de la demencia. El déjà vu de la tormenta. El pánico me llevará otra vez entre las patas.

¿Qué sientes cuando te pones mal, Vic?

Me esmeré en hacer la descripción de estos eventos lo más gráfica y explícita posible, pero dejé fuera un sentimiento: la necesidad de compartirlo, de que gente, también encerrada en esa ínfima celda que conocemos como cráneo, sepa que quizá está sola, pero no es la única. Así como me he asomado con horror al abismo, también he conocido el poder de la palabra. La palabra es el origen, la fuente, el armazón que da estructura a la razón. Entre la nada y el todo hay una palabra. Palabras, algoritmos de letras, el software del cerebro y leña para la caldera del tren del pensamiento. Hablar es escupir el veneno que se succiona de la herida. Hay que hablar, hay que contarlo, hay que decírselo a gente de confianza y conviene ir haciendo mucha de esa gente. Hacer del amigo un psiquiatra y del bar un consultorio.

Notará también el lector que en ningún momento me atreví a ponerle un nombre al huracán, me abstuve de bautizar al engendro, porque cuando se le pone nombre a algo se hace propio y puede que se quede. Cada quien sabrá cual es el demonio que lleva sobre los hombros, porque como bien dicen, el infierno es un lugar detrás de los ojos.

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Hipsters de la Compasión

Trendsetters de la solidaridad, influencers de la conciencia. Despiertan ávidos de información, hambrientos de noticias. Desayunan titulares y reportajes del bufé que les sirven cada mañana las grandes cadenas de noticias. Alimentan su conciencia y sustentan su indignación comiendo de los platos que conocemos como tablets y esmarfons. Peinan el interné en busca de una nueva calamidad global, de un nuevo atentado, de una nueva crisis migratoria, de una nueva guerra injusta. Esculcan la red rastreando grotescas imágenes de negros reventados a punta de ametralladora en una remota  aldea de algún país africano que no podrían señalar en un mapa. Olfatean el bosque de la información, son sabuesos del morbo a la caza de esa impactante foto del niño afgano llorando entre el polvo la muerte de sus padres. Algo para «compartir» en los diferentes perfiles de sus múltiples redes sociales, en sus Feisbucs, Instagrans, sus Tuiters y sus Tumblers. Lo que sea con tal de hacerse de algún insumo en forma de dolor ajeno y distante que les de la fuerza necesaria para abrir sus laptops, mamporrear esos teclados y juntar las letras suficientes para subir un vehemente y contundente y desafiante post. El Santo Grial de los posts, la madre de todas las publicaciones. Esos tres párrafos redactados en estrecha colaboración con Google y Wikipedia que cambiarán el mundo.

Esos que en su vida han levantado una pancarta ni han dado la cara ante los servicios de inteligencia de su país para evitar que les echen color. Los que tuitean a la sombra del toldo de un Starbucks pero jamás se han asoleado manifestando en una plaza. Los que nunca se han interesado por el muchachito que ven haciendo malabares o pidiendo limosna debajo del semáforo por el que pasan todos los días, pero, eso sí, lloran sangre al ver la imagen del niño sirio ahogado en una playa y preguntan desde sus dispositivos móviles como ayudar ante la tragedia humana a 14,000 kilómetros de su pueblo. Esos a los que se les arruga el alma al ver a los inmigrantes subsaharianos atravesar el océano en balsitas para llegar al sur de Europa o a las huestes de kurdos y sirios errantes por el desierto en busca de la tierra nunca prometida, pero son ciegos ante  los cadáveres colgados en los puentes de sus propias ciudadades por los narcos y no saben de los miles y miles de sus compatriotas muertos, asesinados o violados en su travesía hacia el Norte. Las víctimas de un desierto más cercano, los desplazados por la miseria de sus mismos países.

Su atención, su compasión, su piedad es producto de exportación a los lugares más exóticos, remotos o a los grandes centros del glamour en Europa y Estados Unidos. Saltan de los tsunamis en Indonesia, a los terremotos en Haití a los tifones en Filipinas. Pasan como páginas de una revista de variedades de los atentados en París a las bombas en Bruselas, a las masacres en las universidades de Estados Unidos. Los deslaves, erupciones, inundaciones y huracanes que asolan el interior de su país son mitos rurales. 

Estos revolucionarios del GuayFai y activistas del LTE ven arder el mundo desde la ventana de su navegador y despotrican contra la raza humana desde su balcón digital. Llaman al cambio con las yemas de sus pulgares  y la rebelión desde una tarima virtual. Tal y como lo hicieron Gandhi, Martín Luther King y Nelson Mandela, pero sin poner un pie en la calle. No los detendrá nunca un pelotón de policía ni la represión miltar, su rebeldía llegará hasta que se queden sin batería.

Ellos, los hipsters de la compasión, lucen hashtags de diseñador, usan avatares de autor y headers de vanguardia. Se pulen el ego con el paño del dolor ajeno, cambian el mundo un click a la vez y desfilan por una suerte de «prêt–à–porter» de la solidaridad pegando en el cielo el último grito de la moda del horror. Nos dicen qué nos debe indignar, nos ayudan a distinguir lo justo de lo injusto y nos corrigen por no poner nuestra atención en lo que de verdad importa. Ellos los mártires del post, los inmolados del tuit, parafraseando al gran Sabina: los macarras de la nueva, muy versátil y conveniente moral del siglo XXI.

Vic García.

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Acto Final

Manejaba a toda prisa, no quería perderse el acto de la niña. Terminó perdiéndose su vida.

VG

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Usted es el Culpable

—Fundemos un país en el que todo mundo haga lo que le de la rechingada gana. 

—¿Y cómo le llamamos?

—Guatemala.

Así más o menos como dice la canción. Usted es el culpable de todas sus angustias y todos sus quebrantos. Así es, mi amigo. Usted llenó su vida de amargos desencantos. No se gaste más, no busque más culpables, hay un dedo índice gigantesco frente a su cara. No hay otro culpable más que usted.

¿Culpable de qué? Me dirá. A mí no me ande echando culpas de ni mierda, rezongará. Pues nada más y nada menos es usted el único culpable y responsable de que este paisaje que nos atrevemos a llamar país y esta noción que nos atrevemos a llamar nación haya resultado en el soberano desmadre, despije o desvergue, elija el término de su preferencia, en el que está. Sí, compañero. Es usted el culpable y gran organizador de este grotesco vergoloteo en el que no vivimos, sino que sobrevivimos. Usted es el «mala» en Guatemala.

Coma mucha mierda, me dirá, si aún me está leyendo. Váyase a la verga, me gritará. Yo qué puta culpa voy a tener de este morongueo, pensará. Pues le cuento.

Usted, amigo, paisano y conciudadano, usted papá, usted mamá, como solía decir un ancestral demonio en cadena nacional, usted chapín típico, guatemalteco promedio, usted que se mete contra la vía un par de cuadras para ahórrarse dos minutos cuando va dejar a sus hijos al colegio. Usted que maneja de vez en cuando con sus traguitos encima, porque total, tan a pija como para no poder manejar no está. Usted que bloquea el paso de los peatones frescamente con su carro sobre las cebras o se queda atravesado en las intersecciones bajo los semáforos en rojo. Usted que cree que por andar en moto el reglamento de tránsito no le aplica. Sí, amigo… y estamos solo empezando.

Usted, el que no le paga ni siquiera el sueldo mínimo a su sirvienta o sus obreros o los hace trabajar sábado o domingo sin pagarles el día extra. Usted el que no se ha preocupado porque esa misma sirvienta, la cholera, como dicen muchos aún, se vaya a registrar al IGSS como todo trabajador digno. Usted que tiene en planilla a un amigo o un familiar solo para hacerle favor de que cobre seguro social o pensión. Usted que no pide factura, el que declara menos de lo que gana para pagar menos impuestos, el que altera las facturas digitales de Amazon para que cuando su pedido llegue a la aduana le cobren menos arancel. Usted mismo.

Usted, que se baja una caja de cervezas en la vía pública con sus amigotes un sábado en la tarde en las plazas y parques donde juegan nuestros niños. Usted que no se toca el alma para sacarse la paloma en plena calle a la vista de mujeres y niños para echarse una gran meada porque ya no aguanta. Usted que hace fiestas hasta las cinco de la mañana con el «tun ta tun ta tun ta» del reguetón o los éxitos de los 80 socados a todo volumen en su estéreo y se pasa por el aterciopelado cuero de su escroto la paz y el sueño de su vecino. Usted, que no puede pasar una Noche Buena o Año Nuevo sin disparar unos plomazos al aire ya medio a verga.

Usted, el que da la vuelta en U donde está prohibido, que se pasa el semáforo en rojo porque se puede, usted que se parquea en doble fila sobre la calle cuando va a misa, tal cual y como Jesús hubiera querido. Usted que evade impuestos con la misma facilidad que Messi evade a la defensa del Madrid, usted el experto en la gambeta tributaria.

Usted, amigo mío, vecino mio, paisano mio, usted. Ni los políticos, ni los narcos, ni los mareros, ni los ministros ni el jodido presidente. Usted tiene la culpa. La culpa de que opte a la presidencia del país la nena berrinchuda de un gunabí de dictador mesiánico hallado culpable nada más y nada menos que de genocidio. La culpa de que hayamos tenido un presidente afónico que se declaró asesino antes de ser electo y luego de salir de la cárcel por ladrón quiera optar a diputado. La culpa de que un ex presidente del Banco de Guatemala, el BANCO CENTRAL del país, señalado de haber lavado dinero quiera ser vice presidente. La culpa de que un «empresario» que forjó su fortuna allá al norte del país, a la sombra de los narcos vaya a ser presidente. La culpa de que tengamos un alcalde vitalicio al que nadie le puede contar las costillas y que compró media zona uno en ruinas para «revitalizarla» y luego revenderla a precio de oro en sociedad con sus amiguetes y familiares. La culpa de que tengamos un Presidente militar, señalado de genocidio y otras barbaridades y que le vio la cara de mula a un pueblo ofreciendo una seguridad que jamás dio. Todas esas culpas, son suyas, de usted.

Todos ellos, los Barquines, Baldizones, Portillos, Efraines, Zurys, Baldettis, Sinibaldis, Arzús, Jimmys, Molinas y un largo etcétera de descarados, ladrones y degenerados son producto nada más y nada menos que de usted. Son tan guatemaltecos como usted. Son el producto de esta mal llamada sociedad que no es más que una maquila de corrupción, delito y crimen sin castigo. Ellos son la planta, este pueblo es la tierra.

Usted que al corrupto le atribuye «astucia y sagacidad», que al ladronazo le atribuye «Inteligencia Financiera». Usted que le reconoce hombría al que anda armado y huevos a que todo lo arregla a vergazos. Usted que le dice «Pilas» al mañoso y al turbio. Sí, usted, no se haga. Usted que  convirtió los antivalores en valores y que al bueno, al honesto y al honrado le dice baboso, mudo y taimado. Usted, que ve mal al que quiere hacer las cosas bien.

Usted que hace cosas buenas que parecen malas, que practica toda la serie de hábitos y mañas antes mencionadas. Usted, mi paisano, es quien siembra con cada uno de esos pequeños actos una planta más en esta jungla de corrupción, impunidad y violencia en la que morimos. Es usted, el que deja de hacer cosas buenas y que hace cosas que no son ilegales pero tampoco son correctas. Usted meando en el poste, disparando al aire, manejando contra la vía, parqueandose en la acera, tirando basura en la calle, usted crea y mantiene así, un clima de anarquía, de que aquí todo mundo hace lo que de la puta gana y no le va a pasar nada. Así es, amigo, ¡Felicitaciones! Es usted padrino del mayor mal que padece este país: LA IMPUNIDAD. Desde el que no respeta el límite de velocidad en áreas residenciales hasta el que lava 1000 millones de quetzales, todos son un eslabón más en esa maldita cadena que nos mantiene cautivos del miedo, la corrupción y la violencia. Porque usted, cada vez que sale impune de cada una de esas infracciones o pequeños delitos «sin víctimas» está haciendo lo mismo que ese diputado, candidato, ministro o vicepresidenta ladronota que tanto aborrece, pero a su nivel. No desde un despacho, sino desde su casa, empresa o su carro.

Ellos mis amigos, nuestros políticos, delincuentes y ladrones, ellos tan nuestros como nuestros volcanes, lagos y ruinas mayas de los que tan orgullosos estamos, esa panda de cínicos degenerados son la metástasis y usted, perdone que se lo diga, es el tumor. Usted y yo, claro.

Víctor García
Ciudadano arrepentido, decepcionado y hastiado.

Un Memorable Vergueo con el Don de la Garita

No hay manera digna de empezar a contar esta anécdota, ni forma alguna de que tenga un final feliz, es más hasta pensé que era mejor atribuirle el protagonismo de los hechos que narraré a continuación a “un amigo” pero no, amigos, me pasó a mi, a Larry David a la Tortrix, como se dice en mi linda Guatebala.

Desde el momento, en que terminó la sucesión de eventos que derivaron en esta desafortunada y quizá divertida historia, sentí que de alguna manera debía compartirlo, escribirlo. Porque en el fondo, y se ve desde el balcón del humor, puede resultar grotescamente divertido y si se ve desde el punto de vista humano, se puede sacar algún tipo de moraleja. En fin que ahí les va. La cuento como se la he contado a dos o tres personas, de la manera más casual y espontánea posible. No esperen demasiada propiedad en mi narrativa, la idea solo es que fluya y se cuente fácil.

Finales de Mayo, 2015: se gradúa mi hija del colegio, padre orgulloso, muchos eventos en un sábado, uno de ellos, asistir a hacerse la foto de estudio en el hotel donde será la fiesta de graduación un par de horas más tarde. Traje, corbata y todo. Debía estar ahí a las 5:15 de la tarde, puntual, había turnos para la foto. Llegué pues a las 5:15 en punto. Asumí que el parqueo del hotel estaría repleto, así que para no complicarme la vida decidí dejar el carro en un parqueo público aledaño al gran hotel, mi primera mala decisión en todo este entuerto.

Bueno, llego al parqueo, presiono el botón de la máquina, recibo el tiquete y entro. De inmediato percibo en la mirada del “Don de la Garita”, a quien de ahora en adelante llamaré el garitero o viejo cerote, una cierta pereza, una actitud despectiva, una desidia crónica, me imagino que producto de pasar 12 horas al día encerrado en una espacio de 3×3 metros o quizá pura cuestión de su puta haraganería. Dejo mi carro, salgo algo apurado porque ya estaba un minuto tarde para la jodida y a la vez anhelada foto y de nuevo, al salir caminando el viejito me ve con algo de antipatía. Un viejo amargado como lo hubiera dibujado Quino quizá, cabello completamente blanco, bigote espeso que hacía juego con el pelo, ojos pequeños, mirada dura, como si tuviese canicas muy usadas en lugar de globos oculares.

Bueno, salgo de eso, me voy, llego tres minutos tarde al salón de la foto, le dan el turno a alguien más, me tomo un expresso doble para aprovechar la espera en el café del hotel y a las 5:30 exactas pasamos a posar para el fotógrafo. La cuestión no tardo más de cinco o seis minutos. Mi hija y yo, bien retratados, Nos veíamos tan lindos juntos, todos vestidos de gala. Me despido de mi hija y mi ex esposa, debo volver a mi casa a descansar un rato antes de la fiesta, que sería a las 7:30 y en la que también debía estar puntal porque tenía que desfilar por la pasarela con mi hija como inicio del evento, costumbre que aún no entiendo, pero que han adoptado las señoras que tienen a bien organizar este tipo de celebraciones. En fin, no me distraigo más y sigo.

Salgo del hotel, apurado, orgulloso, llego al parqueo, llevo el tiquete en la mano, el señor garitero me ve con esa maldita desidia. Está echado hacia atrás en su silla, viendo algún partido de fútbol en su televisorcito o alguna serie colombiana. Le interrumpo pues, su momento de esparcimiento. Buenas tardes, le digo y le extiendo la mano con el tiquete, no devuelve el saludo. Me contesta con un seco y algo pesado, Tiene que pasar con el carro. Verga, pienso yo, cargo 12 quetzales en efectivo, me hace subir al carro, venir de nuevo a su garita, si me cobra más de eso, tengo que dejar el carro, bajarme ir a un cajero y sacar plata y volver. Verga.

No digo nada, decido tragármela. Voy al carro, me subo llego a la garita, le doy el tiquete lo mete en la maquinita, se voltea y me dice con un brillo en esos ojos antes opacos, Son 15 quetzales. Verga, pienso yo, me faltan tres. Callo, saco mi tarjeta de debito, extiendo la mano y se la ofrezco, Aquí no se aceptan esas cosas, me dice, ahora más pesado. Ya, me emputo y le digo, ¿Ya vio? Por eso le quería pagar antes de ir al carro, para no tener que subirme de nuevo, venir acá y luego volver a dejarlo y tener que salir otra vez. El viejo, va ganando y lo sabe. Me señala con los labios un rótulo que dice bien claro: SOLO EFECTIVO. Verga, de nuevo me la mete y el rótulo encima de todo aclara que no aceptan billetes de 100 ni 200. Carajo, el cajero me va a dar solo de 100 o 200. ¿Qué putas hago?

Bueno, luego de tragar ahí algo de bilis, le dejo el tiquete al garitero, Viejo cerote, pienso.Tengo que pasar por un transe difícil para un hombre: pedirle un favor a su ex esposa. La llamo, le pregunto si aún esta en el hotel, me contesta que sí, le explico la situación y le digo que me preste 20 pesos, le pago otro día, accede amablemente. Voy a lobby del hotel, me encuentro con ella, me da los 20 pesos y vuelvo al parqueo, con ganas de tirarle el billete en la cara al garitero cerote. En el camino, veo el reloj, son las 5:44 PM y pienso, Joder, si vine a las 5:15 no ha pasado media hora, y por media hora cobran ocho quetzales. Este viejo cerote, me debió aceptar el primer intento de pago. ¡Por la gran puta! 

Llego a la garita, con alguna duda aún, le doy el billete de 20 pero le digo que me deje ver el tiquete, me lo da, lo reviso y encuentro donde darle, como joderlo, donde metérsela. Mire le digo, el tiquete está sellado de entrada por la máquina a las 5:15, exactamente ahora son las 5:45, me debió cobrar 8 quetzales y ya no estaría aquí. Pues yo tengo otra hora me contesta el viejo, me muestra su reloj, un viejo Cornavin que tiene exactamente la misma hora que el mío, las 5:45. Le digo, ¡Pero si en su reloj también son las 5:45! ¡Ahorita está cumpliéndose la media hora! El me contesta: Pues yo meto el tiquete en esa mierda y cobro lo que me dice. A todo esto ya me había dado el vuelto de 20, el cambio. Le digo, Mire, sabe que, devuélvame mi dinero y me voy a la verga. NO, me contesta el viejo pisado. ¿Ah no? Le digo yo... y aquí amigos es donde todo se va a la mismísima verga.

¿Ah, no? le digo yo, y remato con un detonador Además de HUEVÓN, ¡LADRÓN!. Todo empieza a pasar como en cámara lenta, se activa un mecanismo en el que la lengua se suelta y se mueve más rápido que los impulsos neuronales, cuando la boca se convierte en una fuente de veneno y la lengua en una cobra. El viejo escucha, sus ojos se abren al punto que creí se iban a caer, no la vio venir. Se echa para en su silla, deja caer la cabeza hasta que muestra toda su arrugada garganta y suelta un tremendo estrepitoso, vibrante y brutal: ¡HIJO DE LA GRAN PUUUUUUUTAAAAAAAAAHHH…! Carajo, lo primero que pensé fue, Yo hubiera querido mentarle la madre así a alguien alguna vez, con ese sentimiento, con esa profundidad. Fue un HIJO DE LA GRAN PUTA que le salió directo de sus alargados y arrugados huevos, pasó por su estómago, se untó de ira en su pecho y salió como una bomba por su boca.

Quedé impávido una fracción de segundo, reaccioné rápido al golpe, ¡¿QUÉ SU REPUTA MADRE QUÉ ME DICE, VIEJO CEROTE?! y bueno, les ahorro la serie de groserías, putazos, maldiciones e insultos que prosiguieron por unos 2 minutos. Yo frente a la garita, el viejo desde dentro sentado en su silla de mierda. En un punto, el viejo pierde la razón y voltea a ver al guardián del parqueo, quien creo se divertía viendo la escena, con su escopeta entre los brazos y le dice: ¡Échele plomo a este cerote, Juan! Y ahí sí, si ya se estaba yendo todo a la verga, llegó a la mismísima verga. Me volteo y le digo a Juan el Guardián, ¿Me va a plomear solo porque este viejo cerote se lo dice? Juan alcanza a sonreírse, me dice que no, con un gesto, a la vez que percibo que me trata de decir de alguna manera que no le haga caso al viejo. Tarde.

Vamos llegando al fin, amigos, no se desesperen. Me volteo de nuevo a la ventana de la garita y le grito al viejo, ¡¡¡ENTONCES ADEMÁS DE HUEVÓN Y LADRÓN, COBARDE!!! ¡¡Salga de ahí y arreglamos esto como hombres!! ¡¡¡No me puede amenazar de muerte viejo cerote!!! Salga o llamo a la policía. El viejo sigue insultando desde adentro, ahora hace un gesto que me termina de encabronar: se da con el borde de la mando abierta en la garganta, como diciendo, me pela la verga lo que lo diga. Le sigo gritando que salga y que de la cara. Que lo voy a agarrar a pura verga por cobarde. El viejo se desespera y finalmente accede, Démonos verga pues, me dice…

Me voy del otro lado de la garita, así con mi traje nuevo, corbata nueva y zapatos nuevos, bien elegante y espero a que el viejo salga. No sé que voy a hacer, porque nunca me he peleado en mi vida, no sé pelear, me aprovecho de mi tamaño cuando tengo líos así, mido 1.95, peso 230 libras, por lo general los tipos a los que les he ofrecido vergazos no se animan, se van. Este no fue el caso. Como decía, espero como la gran puta que el viejo salga de su madriguera, espero… abre la puerta de metal de golpe, y lo veo salir, no más allá del umbral de la misma… saltando en un pie, saltando en un puto pie, la manga derecha de su pantalón colgaba como un trapo, flácida como su pija, el viejo cerote, viejo de mierda, ¡tenía amputada la puta pierna derecha!

Verga… el tiempo se me detuvo. Se me heló la cara, mientras lo escuchaba gritarme, ¡Pégueme pues! ¡Démonos verga pues! Carajo… Una y otra vez, ¡Pégueme pues! ¡Démonos verga pues! Reaccioné como a los 5 segundos… ¡¡¡Para qué vergas se pone al brinco si no se puede defender, viejo cerote!!! ¡¡¡Aparte de cobarde es mula!!!! ¡¡¡MULA!!!

Lo insulté un poco más mientras caminaba hacia mi camioneta, además yo amenazaba con llamar a la policía. El viejo seguía brincando en un pie, desde la puerta de la garita. Ya no entendía que decía, solo veía la pierna de trapo, el chirajo de tela vacío que se agitaba con sus brincos.

Subí a mi carro. Ya me el viejo ya me había cobrado y la talanquera o la pluma ya estaba levantada, él entró de nuevo a la garita, se sentó en su silla de mierda nos insultamos una última vez mientras salía del parqueo de mierda ese y me fuí a la verga.

 

Epílogo:

Como he ido aprendiendo, que el karma es ley, esa noche volví al lugar de los hechos. Dejé mi carro, ahora sí, en el parqueo del hotel y caminé hasta la garita del viejo, me puse frente a él. Seguía echado viendo la TV, sintió mi presencia y volteó a ver, se cagó. Le dije, Mire señor, vengo a pedirle perdón por lo que pasó hoy, por todo lo que dije. No debió pasar, se me fue la mano. El viejo tragó saliva y contestó: Pues mire, a mí se me fue la pierna… Ambos reímos inevitablemente y prosiguió Yo también me propasé, pero son cosas que pasan entre hombres, así que disculpe usted también. Le tendí la mano, me la estrechó, sellamos el perdón y me fui a emborrachar a la fiesta.

Victor García

Ser Humano.

 

Glosario:

Vergueo: lío, altercado, problema.

Cerote: expresión popular guatemalteca para referirse desde un amigo a un bollo de mierda. Un mojón.

Pisado: Insulto, despectivo, como mierda.

Vergazos: Golpes.

 

 

 

The Interviu

–Bueeeeeeeenas….
–Buenas, pase, pase.
–Vengo a la entrevista.
–Claro, siéntese. ¿Algo de tomar?
–¿Tendrá cafecito?
–Sí, como no. Ya se lo pido. ¡Maríaaa! ¡Un café para el señor!
–Bueno, empecemos por las preguntas de rigor, ¿de verdad le interesa el trabajo?
–Mucho.
–Es un puesto muy demandante.
–Me imagino, pero estoy dispuesto a todo.
–Bueno, ¿tiene experiencia como funcionario público?
–No, ninguna.
–O.k. ¿Considera que ha contribuido alguna vez a la sociedad o que ha hecho algo por este país?
–No, jamás, le mentiría. La verdad he velado por mi propio culo toda mi vida.
–Me gusta su honestidad.
–Gracias.
–¿Posee alguna fortuna o una fuerte suma de dinero?
–Sí, tengo un dinerito por ahí que me permite vivir cómodamente.
–¿Procedencia?
–Mmmm…. algunos negocios… algo de la familia… prefiero no entrar en detalle.
–O sea, de dudosa procedencia que le dicen.
–Exacto. ¡Eso!
–Bien. ¿Preparación académica?
–Pues, estoy alfabetizado y hasta saqué el bachillerato… lo básico.
–Ajá… ¿Algún logro del que se sienta orgulloso?
–¡Jajajajá! ¡Ay! Perdón… esa no la vi venir. No ninguno, señor. Nada. Cero.
–Me gusta su sentido del humor.
–Gracias.
–Pasemos a lo importante.
–Como usted diga.
–¿Ha estado involucrado en algún crimen?
–Claro, de hecho hasta maté a un par de cristianos, pero fue en “defensa propia”.
–¿Algo más?
–Pues, lo clásico, algunos desfalcos, estafas, robos… cosas sencillas.
–Cosas como genocidio, crímenes de lesa humanidad, ¿ha sido señalado de algo así?
–Sí, sí. Ambos, hasta hay videos y libros. Fueron buenos años.
–Perfecto. ¿Se considera usted popular?
–¡Uff! Ni se imagina, he tenido programas de radio, salgo en la TV, tengo fanpage, página de Wikipedia y hasta 60,000 followers en el Twitter ese.
–Ajá… y deudas, ¿tiene?
–Sí, muchas. De las morales y las económicas, debo hasta el culo.
–Genial.
–¿Tiene vínculos con personajes oscuros del país, delincuentes, gente relacionada con la mafia, familias “influyentes”?
–Con todos los que dijo. De hecho, más que vínculos, tengo lazos estrechos con contrabandistas, militares retirados, terratenientes, gente a la que me honro de llamar amigos.
–Bueno, sabe que para optar a este puesto hay que pasar por un proceso e invertir millones en una campaña, ¿no?
–Sí, lo tengo claro.
–¿Y quién va a pagar por sus vallas, cuñas de radio, jingles, anuncios de TV, manejo de redes sociales, mitins y demás formas de propaganda?
–Gente a la que le interesa que ocupe el puesto. Narcos, militares, expresidentes, oligarcas de los más rancios, cuates del crimen organizado, básicamente la gente que tiene mucha plata en este país.
–¿Ya los tiene amarrados?
–Totalmente.
–Me gusta su seguridad. Tiene buena sonrisa, ¿le han dicho?
–Sí, muchas veces.
–Y con esta gente que va a pagar su campaña, ¿cómo queda? ¿hacen un gasto, una donación desinteresada o inversión?
–Una inversión, claro. Una inversión a la segura.
–O sea, ¿devolverá usted los favores?
–Todos y cada uno. Velaré por sus intereses hasta la muerte y por devolver esa plata multiplicada al máximo.
–¿Y el pueblo?
–El pueblo, disculpe mi lenguaje, me vale verga.
–Eso quería oír.
–Un par de cosas más, muy mportantes.
–Dígame.
¿Su motivación principal?
–Poder… No. Dinero… Dinero y poder. Bueno, al final son lo mismo, ¿no?
–Así es . Me alegra que lo tenga claro. Y… ¿cumple usted lo que promete?
–JAMÁS.
–Bueno, mi amigo, creo que por acá lo podemos ir dejando, de acuerdo a nuestra conversación, cumple usted con los requisitos para optar perfectamente al puesto de Presidente Constitucional de este país y cualquier otro cargo público en el que quisiera desempeñarse. Su falta de moral, su carencia de principios y su cinismo nato le convierten en un candidato ideal. De hecho con su talento y capacidad podría ejercer en casi cualquier país de Latinoamérica, de no ser por el asunto de la nacionalidad.
–Entonces… ¡¿El puesto es mío?!
–Prácticamente, sí. Debe pasar por un proceso un poco engorroso, un montaje que llamamos “elecciones”, una falacia de esas masivas que le gustan a la gente, una gran charada, pero si todo va bien, y Dios mediante, no habrá problema alguno en que usted y la gente de su preferencia dirijan los destinos de este país, engañen, insulten y saqueen este pueblo con total impunidad durante los próximos cuatro años. ¡Enhorabuena!
–¡Gracias, muchas gracias! Prometo no decepcionarlo.
–Esa promesa sí la va a cumplir, ¿no?
–¡Jajajajá! Sí, pero es la única. No se asuste.
–Por cierto, su café ya no vino, esta María…
–Mire, y ya en confianza y para celebrar, ¿un whisquito no tendrá?
–Macallan 30 años. ¿Gusta?
–Uy, a ver si no se me hincha el hocico, yo apenas llego a Etiqueta Negra, pero bueno, se lo acepto.
–Las mieles del poder, váyase acostumbrando.
–¡Salud!
–¡Salú!!

Hábitat

Llegué a la cima de tu nariz,

Y contemplé.

Contemplé tu paisaje.

Tus pies fueron mi horizonte.

Tu vientre un valle.

Tus nalgas dos montes.

Eras un país sin fronteras,

Un continente sin océanos.

Me perdí en ti, en tu inmensidad.

Como un coyote en el desierto,

Como un lobo en el bosque

Entre tus montañas y lagos.

Me perdí allí, en lo que fue mi tierra.

Mi hogar, mi mundo, mi territorio.

Eras mi cielo y mi suelo.

En algún punto entre tus piernas,

perdí mi humanidad.

Comencé a andar como animal.

A comer como salvaje.

A verme como una fiera.

Por tu nariz bajó un hombre,

De tu ombligo salió una bestia.

Una criatura indómita y errante.

Una especie que vaga por tu cuerpo,

come de tu sexo y  bebe de tu boca.

Más que hombre, fiera.

Más que mujer, hábítat.

Odian a las ratas pero aman el basurero

Cada cierto tiempo y como ya es costumbre, algún acontecimiento de carácter social, político  y/o económico viene a despertar la indignación de los guatemaltecos, sobre  todo de la siempre participativa sociedad chapina virtual. Esa que cree que pintando grafitis en sus muros de Facebook y levantando carteles en su cuenta de Twitter salvará a nuestro país.

En fin, el más reciente de estos eventos, la condena a cadena perpetua por parte de la justicia suiza al orondo ex jefe de la policía nacional, el señor Erwin Sperisen, ha servido para alimentar nuevamente a las huestes de protesta digital, a los adalides de nuestra soberanía, a los defensores del sacrosanto honor patrio, a nuestros indignados 2.0. SÍ, esos que despotrican, manifiestan, gritan y amenazan desde el confort que les dan sus tablets, lap tops y preciados smartphones.

Resulta ahora que el señor Sperisen, ciudadano tan guatemalteco como suizo, sólo cumplía con su trabajo y que hizo lo que cada uno de los miembros de su súbita base de fans hubiera hecho: dar un golpe en la mesa. Sentar un precedente. Aplicar la mano dura de la que tanto gustan. Poner un ejemplo a todos los psicópatas, delincuentes, mareros, narcos, asesinos violadores y demás especies y subespecies pertenecientes a la fauna de antisociales que abarrotan las cárceles de este país.

Claro, el hecho de que el señor Sperisen se haya pasado la ley y los debidos procesos por el arco del triunfo, tal y como lo hicieron los siete ajusticiados, no importa. El hombre hizo lo que debía hacer. Ojo por ojo diente por diente, señores. Aquí la constitución ya valió madres. Total, si esos animales están en la cárcel se lo merecen. No son más que deshecho social, desperdicio humano y podredumbre andante.

Ratas, pues. Nada más que ratas. Y no dudan en proclamar el asco, el odio y su aversión hacia las ratas. Ratas sucias, ratas asquerosas, ratas perversas. Una plaga con la que hay que acabar a toda costa y sin ningún tipo de piedad ni clemencia. Tal y como lo hubiera hecho el mismo Jesucristo, al que van a adorar mansamente a la iglesia o al templo cada domingo.

Muy comprensible pues, el odio a las ratas. Justificable la aversión a las alimañas que ponen en peligro nuestro bienestar. Más que entendible la fobia a los parásitos que amenazan la salud de este utópico sistema social que los guatemaltecos hemos sabido crear con tanto esfuerzo, sacrificio y valentía. Sí, claro.

Pretenden pues, eliminar el síntoma y desentenderse de la enfermedad, sonarse los mocos e ignorar la gripe, extirpar el tumor y olvidarse  de la metástasis, exterminar a las ratas y seguir viviendo en el basurero. Porque sí, porque odian a las ratas pero aman el basurero.

Repiten y repiten hasta eructar con estruendo y acidez visceral el discurso con el que la oligarquía, la clase política y la cúpula militar han infectado su mente y envenenado su corazón. “Usted es un guatemalteco de bien, un ser de luz que vive y trabaja en un paraíso y no tiene porque tolerar que ningún demonio amenace su paz. La desnutrición el hambre y el analfabetismo a usted  no lo van a alcanzar. Esos son tormentos de la otra Guatemala, la Guatemala Perdida, la insalvable, la que no sale en las fotos del INGUAT. Usted trabaje duro, baje la cabeza y no pregunte. Dele Gracias a Dios por el privilegio de respirar bajo este hermoso cielo. Que ni se le ocurra analizar, menos aún cuestionar. Agradezca al Señor por estar vivo, siga echando punta y sálvese quien pueda. Amén.”.

Piden justicia y pena de muerte para el marero, celebran la matanza de delincuentes comunes, se excitan con ejecuciones extrajudiciales, justifican los linchamientos en el interior, pero eso sí,  celebran el éxito del empresario que evade impuestos, se jactan de la prosperidad del gran latifundista que no paga el salario mínimo, admiran el éxito del funcionario que desvía fondos públicos a sus cuentas “of shore”, callan ante la prepotencia del alcalde que vende sin pudor cada esquina de la ciudad a sus familiares y amigos. Porque sí, porque odian a las ratas pero aman el basurero.

Pero tranquilos mis iracundos paisanos de este gran Pisigüilito al que nos atrevemos a llamar país. No hay porque alarmarse ciudadanos y vengadores del estado fallido al que conocemos como República de Guatemala. Este gigantesco vertedero de impunidad, corrupción, cinismo, ignorancia, hambre, egoísmo, codicia, transa, mentira y demás desechos morales, sociales y humanos seguirá produciendo ratas al por mayor, ratas a granel. Miles y miles de ratas. Millones de ratas para que odien, para que escupan, maldigan y vomiten su odio por la plaga, y sigan solapando, defendiendo, amando y venerando a los dueños del basurero del que también viven, al igual que sus odiadas ratas.

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Dueños de Nada

Tienen hijos para que los críe la sirvienta, perros para que los pasee el guardaespaldas, esposa para que se la coja el instructor del gimnasio y marido para que viaje con la secretaria.

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Top 40 Tuits 2013

Durante 2013 pudimos ver como Twitter degeneró sin ningún reparo de foro de expresión a concurso arreglado de popularidad, como bien escribió alguien en la misma plataforma del pajarito que nunca deja de trinar.

Nuestros timelines se llenaron de pordioseros, merolicos, vendedores ambulantes, fantoches y prodigios de copy paste que se despojaron de todo pudor con tal de parecer inteligentes, simpáticos o reflexivos a costillas de ideas ajenas. Proliferaron los hashtags, las cuentas de memes, los concursos, los publituits, las cuentas de parodia, la trata de followers, la compra y venta de cuentas de segunda mano y muchas otras formas de contaminación y prostitución virtual.

Aún así, si prestamos atención dentro de todo el SPAM masivo al que nos vemos sometidos a voluntad propia, podemos encontrar lo que para mí es la razón primordial de la radio muda que es Twitter: la transmisión de ideas comprimidas en 140 caracteres. Ideas que nos conmueven, nos hacen razonar, reír, suspirar, cuestionar, analizar y sobre todo, pensar. Porque al final, desde la parte de atrás del bote de champú hasta última novela de un premio Nobel, leemos para poner a trabajar esas incansables obreras del pensamiento llamadas neuronas.

Por acá quedan entonces los que a mi juicio son los 40 tuits que más emociones, sensaciones y reflexiones generaron en mi persona y seguro en muchos de los que tienen a bien seguirme y brindarme el patrimonio más valioso de una persona en el Siglo XXI: su atención.

Gracias por un magnifico 2013, amigos.